Rusia: ¿cómo proteger del maltrato a los niños?

viernes, 22 de mayo de 2009


Moscú (PL).-El presidente ruso, Dmitri Medvédev, refrendó recientemente una ley que amplia las garantías de los derechos del niño. Sin embargo, una y otra vez, aflora la niñez sin amparo filial, y lo peor, asediada por los maltratos de adultos.

Las noticias sobre nuevos casos de abusos y golpizas a menores acogidos por padres adoptivos llenan de horror a la opinión pública en Rusia.

Mientras ello sucede, el gobierno avanza en el perfeccionamiento de las leyes para garantizar un desarrollo pleno "físico, intelectual, psíquico, espiritual y moral" de los niños, conforme a las normativas promulgadas por el jefe de Estado en abril último.

Alarmado por las escalofriantes estadísticas de los delitos y crímenes contra los infantes, Medvédev pidió a los fiscales mantener bajo estricto control las contravenciones de ese tipo.

Encomendó a los cuerpos del Ministerio de Interior la adopción de medidas adicionales, en el orden legal, que garanticen la seguridad de los menores.

De acuerdo con esa cartera, unos 760 mil niños en Rusia viven en condiciones peligrosas. Más de 120 mil menores sufrieron en 2008 agresiones de diverso grado, incluida la sexual.

"Son estremecedoras las cifras, sin hablar de lo que han tenido que padecer esos niños", lamentó el mandatario al dedicar al tema una reunión con el colegio de la Procuraduría General, en marzo pasado.

Un mes después el mandatario presentó un paquete de enmiendas a la ley federal sobre los derechos del menor.

La legislación establece, como obligación de los organismos gubernamentales correspondientes, garantizar las condiciones a fin de extender a toda la niñez rusa hábitos de una vida sana y plena.

Incluso se contemplan medidas legales para impedir influencias negativas en el desarrollo físico, intelectual y espiritual de los niños.

A los gobiernos regionales se les faculta para fijar prohibiciones con respecto a la presencia de menores en sitios públicos, concurridos por mayores, en horas nocturnas.

El llamado toque de queda, establecido para los menores de 18 años, ha desatado pasiones en padres, niños y en aquellos que se oponen a todo tipo de restricciones.

Lo cierto es que el gobierno insiste en prevenir y proteger a infantes y adolescentes de daños irreversibles a sus vidas como agresiones sexuales, maltratos físicos y hasta asesinatos.

VÍCTIMAS DE LOS ABUSOS: LA OTRA CARA

Con menos de dos meses de separación entre un caso y otro, las historias sobre la pequeña Vika de dos años, y de Gleb Agueev, de cuatro, plantean una seria reflexión de cómo proteger y defender a los niños huérfanos de sus padres adoptivos.

Hace unas semanas Vika fue hospitalizada con urgencia, al detectarse severas contusiones y lesiones en su menudo cuerpo. Los médicos han culpado a la madre adoptiva por el estado delicado de la menor.

Aunque visibles los hematomas, el equipo de galenos se aferra en borrar los traumas psicológicos que calan profundamente la mente infantil.

Este caso pone nuevamente en tela de juicio los mecanismos de adopción. Vika fue entregada apenas hace seis meses a una mujer con educación superior, al parecer psicóloga y con suficiente solvencia económica como para renunciar a los subsidios estatales.

Bajo esas circunstancias nadie podía poner en duda las "buenas intenciones", declaró consternada la jefa del departamento territorial de protección social en la ciudad de Kimry, en Dubná, Elena Kulikova.

El caso está en manos de los órganos de seguridad, mientras la principal culpable sigue con paradero desconocido. Vika fue víctima primero de los abusos de su madre biológica, quien reclama ahora sus derechos.

No menos trágica es la historia de Gleb Agueev, de cuatro años, cuya fotografía con quemaduras en el rostro recorrió durante semanas Internet, los periódicos y canales de televisión.

Mientras Gleb permanecía en terapia intensiva, en un hospital de Moscú, los padres adoptivos culpaban de un presunto accidente doméstico al pequeño: la caída de una escalera y quemaduras con una tetera.

Era tan evidente que se trataba de otro abuso infantil, que la Cámara Social de Rusia tomó el asunto en sus manos. Abogados y cameristas demostraron la alevosa conducta de los adultos, sobre todo de quien fungía como madre.

Los expertos atribuyen a una imperfecta legislación el trato abusador con respecto a los niños huérfanos.

El presidente del Fondo Derechos del Niño, Boris Altshuler, criticó la ausencia de un seguimiento y normas de trabajo con las familias adoptivas.

Tampoco la ley es severa para quienes maltratan, abusan y hasta privan de la vida a los niños desde la condición de "padres".

El triste caso de Polina, una niña de cuatro años, golpeada hasta la muerte por su tutora a mediados de abril, debe poner fin a la impunidad y a la crueldad con los niños. ¿Cómo protegerlos?, es una tarea que no admite más postergación ni actitudes tibias.